El Granodioso mundo del cerdo. Intro.

Sí, en estos últimos días de ajetreo burocrático ha llegado del recuerdo, a mi vida y cabeza, la amarga repugnancia  y digestión acelerada que me producen aquellos seres a los que antes casi los tenía olvidados, tal vez por distracción o por simple alejamiento instantáneo.  Sin embargo, ahora, desde lo más profundo de mi ser, una minúscula pero  furiosa explosión de la memoria se ha mezclado con mi sangre apaciguada,  y como fruto de ese sentimiento nace el presente escrito.

Sin lugar a dudas, cada lector tendrá una leve intuición a cerca de quienes me referiré. Trateré, no obstante, de ser lo más objetivo -ajá-  posible. Aunque capaz una miga de subjetivismo se me escapará, pero no se preocupe, será algo insignificante. En fin, buscaré la mejor manera de expresar mis revueltas sentimentales sobre estos entes salvajes. Perdonarme aquel que se sienta ofendido, pero si es así, entonces seguramente estas palabras estarán inspiradas exclusivamente en su vida.

El surgir

Multiétnico y pluricultural dice  la Constitución. Comprendemos que esto se debe a la presencia de negros, indios, blancos, casi blancos, mulatos, y hartos mestizos. Pero además, los estudios antropológicos y sociológicos realizados por la erudita Asociación de Seres Inteligentes, ASI, ha descubierto que dentro de la rama del mestizo existen distintas derivaciones raciales, y una de ellas es la que trataremos en este relato, la derivación del humano también conocido como Cerdo.

El primer vestigio encontrado por la ASI de este género racial se remonta al encuentro de la voluminosa y adiposa doña Hortensia Primera con el pequeño pero tuco Renso Segundo. Hortensia, vendedora de fritada, mote, chicle, trago, y  entradas de reventa para el estadio, aquella casi-dama que jamás encontró un problema en darse de cabezazos contra una multitud enardecida, y que seguramente de los treinta a los que se enfrentaba, por lo menos  a diez (varones) mandaba al hospital del Seguro. Si no ha entendido bien, entonces sugiero ir al Estadio Atahualpa antes de un partido de fútbol y preguntar por doña Hortens Tercera para que compruebe el fruto de su sangre.

En fin, un domingo doña Hortens Primera caminaba muy contenta por la avenida Naciones Unidas. Cargaba su canasta vacía con los restos del mote, la papa y el cuero. Era una tarde como cualquier otra. La cumbre del Pichincha estaba nublada y los buses azules vomitaban humo negro a las transeuntes que osaban pararse a su lado.  Los documentos hallados por la ASI dicen que doña Hortensm era una de ellas y que una difuminada sonrisa brillaba bajo sus bigotes lacios. Hortens Aspiró aquel aire opaco y se llenó de valor para ir al lugar donde algún tiempo atrás le habían tratado como lo que era, una bien merecida dama de honor. Las manos le sudaban a causa de los nervios, por su cabeza pasó la posbilidad de regresar pero recordó  la suerte de aquella tarde y decidió seguir con su camino. No tenía nada que perder, si la rechazaban contaba con el respaldo de haberle sacado unas gambitas de más a siete aniñados de la Liga, y esa hazaña le resultaba suficiente para sonreír el resto de la semana, pues aunque había perdido otra vez, su equipo de corazón era el Deportivo Quito.  De pronto doña Hortens escupió los últimos restos del resfriado, alzó la vista y una puerta de acero reforzado con costras de pintura negra  le robó un suspiro. La gente escuchó una tos mojada.Fue el tierno producto de un vago recuerdo que se avivó en su mente. Las hermosas letras blancas con fondo azul se pintaron ante sus ojos amarillos (realmente son cafecitos no más) como la entrada al paraíso. Había llegado por fin, al Registro Civil.

Doña Hortens recordó el día en que tuvo la necesidad de presentarse en ese lugar por primera vez desde su infancia. En una de sus tan normales riñas de estadio se tuvo que enfrentar con una colega de su mismo calibre, y eso sí estuvo fuerte, si hubieran visto. Dientes zafados,  cabellos  arrancados, retazos de ropa desgarrada en el piso, ojos morados, piernas con huellas de dientes. Fue algo terrbile. Un medio de comunicación tituló a  la pelea como “Pobres maridos” .  Pero entre sacudones y mordidas, por razones del destino se le cayó la cédula, instrumento, según ella, perfecto para deterger sus cerosas orejas.

Fue por eso que luego de un buen baño helado y una triple sobada con cáscaras de huevo, como nueva, a la mañana siguiente, madrugó para acudir al Registro Civil. Llegó a las ocho y desde el primer pasó que dio en sus interiores supo que dominar a esos ineptos que hacían fila resultaría sencillo. La gente permanecía seria, y solo de vez en cuando se escuchaban quejas y peleas inútiles.  Hortens hizo la primera columna sin saltarse ningún puesto, pero ya para la segunda, cansada de la monotonía, se decidió en darse unos pequeños saltitos criollos argumentando que estaba atrasada al trabajo, hasta que finalmente en medio de un griterío, el cual ella ni notó, ya que como sabrán esa mañana no tuvo su utensilio de limpieza auricular, llegó a la  pequeña ventanilla donde Renso Segundo Villa la atendería.

Renso Segundo Villa, hombre casi-caballero de mediana estatura, pero de una espalda del ancho de un refrigerador y bien jetón. Loco amante de los lentes de sol Ray-ban, del fútbol agresivo, de siempre mantener una voz fuerte, de las nenas, del dinero fácil, de las broncas, y del guarito. Aquel varón nunca se imaginaría que en ese lunes de “hoy día veinte cédulas no más”, caería profundamente enamorado de Hortens. No solo por su apariencia encantadora sino por su apasionante encuentro.

-Siguiente – anunció Renso sin despegar los ojos de la máquina de escribir. Le tocaba al número quince de la jornada,  y se moría de la pereza por tener que atender cinco turnos más. Mientras pensaba en qué excusa daría para retirarse temprano del trabajo apareció Hortens de salto en salto hasta caer primerita frente a ese apuesto caballero, bueno, al menos así pensó ella.

-Oiga compañero cuánto le doy para que me de, así de unita mi cédula, vea no sea malito, es que tengo que ir hacer, y además ando medio sorda- dijo Hortens.

Y como un flechazo en el corazón, Renso levantó la vista y se topó con los ojos amarillos de aquella preciosa mujer. Sabía exactamente a que se refería con lo de la sordera a medias.  A una nena como esa no podía dejarla ir. Antes de responder cualquier tontería, rebuscó entre los archivos de su mente la replica perfecta, y encontró aquella frase que tenía guardada desde hace algún tiempo para una ocasión muy especial.

– Por esos ojos de miel, chicharroncito de mi mote, yo dejo hasta el fútbol con los ñaños- dijo el varón de corbata con dibujos de bates de beisbol y balones de  basketball.  Era ella lo que había esperado desde el quinto grado de escuela, no había duda.

Hortens, en cambio, sintió volar a murcielaguitos dentro de su barriga, nadie le había hablado así de lindo en la vida.  Y volaban  y volaban dando golpes de lado a lado, para arriba, para abajo y Hortens se sentía en las nubes,  hasta que de pronto uno se estrelló contra el intestino grueso y Hortens se acordó que andaba medio mal del estómago.  Al mirar atrás,  el resto de la columna emitía arcadas y se tapaba la nariz con las mangas de las camisas. Ella, sin saber qué hacer se puso un poco coloradita, pero Renso acudió al rescate.

-Ay, que rico perfume que ha tenido usted, fritadita de mi cena- dijo y le guiñó el ojo por encima de sus gafas de piloto de avioneta. Hortens comprendió que ese hombre era un santo y no podía irse sin antes mostrarle su mayor inversión. Sonrió de par en par y así mismo brillaron sus cuatro muelas y el inciso de oro. Renso percibió el calor en su entrepierna y gritó inmediatamente al resto de la columna que aquella ventanilla se cerraba por motivos de salud.

– Yo le ayudo a hacer personalmente el trámite, belleza, pero luego déjeme invitarle a un rico almuercito.

Pasó media hora, una hora, hora y media, hasta que casi llegadas las dos horas, Hortens estaba a punto de recibir una muchita cuando !Pum!, un piedraso le cayó en la espalda. Un poco aturdida volvió a la realidad, regresó a ver, y ahí estaba ella. Era la misma gorda con la que el día anterior se había revolcado a la salida del estadio, la misma que le hizo perder la cédula, y sin pensar que sin ella aquel encuentro con Renso no hubiera sido posible, salió disparada con su nueva cédula en mano, a alcanzarla para darle su merecido.

-Ahora vas a ver gorda hija de puta.

Para ese momento Renso ya sabía todo lo que había pasado.

-Agarrale mi amorcito, yo te espero aquí por siempre, mi vida- dijo y se sentó a pensar en el futuro de una vida mejor. Desde esa tarde Doña Hortens pasó a ser su prioridad en la vida, pero se había olvidado de pedirle la dirección o el teléfono, entonces no le quedaba otra que esperar.

Había pasado más de un mes y medio cuando Hortens apareció de nuevo en el Registro Civil. Era la tercera vez que iba a ese lugar y en esta ocasión tenía su cédula en el bolsillo. Renso la miró desde lejos. Había vuelto. Se olió el aliento con la palma de la mano, cerró la ventanilla y salió a su encuentro.

– Usted bella Hortensia, por aquí de nuevo.

– Es que quería verle otra vez- respondió Doña Hortens con la mirada gacha.

Renso no dudó un segundo más y la tomó entre sus brazos.

– Tengo que confesarle algo- dijo Renso.

– Yo también- dijo Hortens.

– En mi barrio me llaman El Varón porque he tenido a muchas mujeres, pero usted es diferente corazoncito.

– Ya no va a necesitar más mujeres porque mi confesión era que solo me voy con usted si me da más de viente hijos.

Renso sonrió y la miró a los ojos.

– Entonces no esperemos más porotita.

Fueron 27 vástagos bastardos, y de ellos salió una nueva raza que carece de nombre, pero que con el pasar de los años se los han relacionado íntimamente con el cerdo, así dando inicio al “Granodioso mundo del cerdo”, en el cuál todos somos parte.

2.El Granodioso mundo del cerdo, infancia y juventud.

continuará….

6 comentarios
  1. AV dijo:

    siga scribiendo chivilio, uno se entretirne…..
    abrazo amigo..

  2. Nico dijo:

    Siga escribiendo chiveins… promete buenas cosas este cuento jaja

  3. Juan Jose Lasso dijo:

    Hermanito te falta solamente decir que parte de la palabra granodioso es grano… porque la cara de esos bastardos esta plagada de esas pendejadas, como una especie de viruela mal curada….

  4. gera dijo:

    muy bien chivito! ya te voy a pedir ke me eskribas un radioteatro para leer por la radio de mendoza.

    Saludos con mostaza.

  5. villa dijo:

    muy bueno chivo… no sabia de esas habilidades de literato…. bien me parece… acabaras la biografia!
    f: villa
    aguante la U!!

  6. Johanna dijo:

    si que divierten tus historias…muy buena. volvere por la segunda parte..

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