Paz, por favor, no reguetón!

Intro

Vuelvo después de un retiro espiritual. Así, ese de los Lazos Marianos. Futa, es que me salvó la vida. Ahora me voy a convertir en un misionero y ayudaré a la humanidad. Quiero a la paz y no al reguetón.Lo siento por tí, Daddy, yo sí te amaba harto, pero ya no.De todas maneras, sé que no me extrañarás.

He dejado a mi ex en una gasolinera. Y he cambiado de rumbo, del malo al bueno ¿ Sí diferencias no? Ya no me gustan los conciertos de rock en fábricas abandonadas, ni los grafitis de Guápulo, y peor aún los raves en bosques místicos, ya no. Ahora me voy por los rosarios nocturnos y las sesiones de opio con mis panas de Tambillo. ¿A ver, a ver, qué dices flaco? Ups, lo siento, se me salió.

Intro 2

Es que había una vez una niña que se llamaba Sofía. Estaba caliente como las cocinas. Y un buen día la besé y nos chocamos los dientes.  Me dolió. Después le traté de meter mano por debajo de la camiseta pero no supe como quitarle el sostén. Así que se consiguió otro flaco que logró hacerlo con un dedo.  Y eso me dolió menos que los dientazos del primer beso.

Intro 3, the real, real shit.

Había otra vez un hombre calvo que tenía una panzota. El aliento le apestaba a estiercol cuando se ponía de mal humor. Se llamaba igual a una laguna que queda en el Cayambe y su apellido era el  mismo nombre de las que dan leche  ¿adivinaste gordo? ¿no?, bueno, mejor.

Oh, sí! estaba emocionado, iba a escribir para el periódico más aniñado del Ecuador.  Y me compré baterías para la grabadora y en un cuaderno antiguo anoté mis primeras observaciones, de mis primeras coberturas, por supuesto.

Quito, la capital del Ecuador. Los restos de Eugenio Espejo está en las catacumbas de una capilla en El Tejar. Siempre está cerrada.  Las monjas Lauritas son unas señoras arrogantes y la historiadora Escudero opina que nadie sabe nada a cerca de Espejo, solo ella.

En la parroquia de Checa se va la luz a cada rato. El señor que se disculpa por su aliento a ajo dice que los de la Empresa Eléctrica son unos borrachos y no trabajan cuando juega la selección. O sea, justo cuando se va la luz en su casa. O sea, justo cuando  quería prender la tv. Ya lleva tres partidos vistos en televisión ajena. “Y yo que ya estaba listo con las papitas fritas y mi cochita hot” dice el hombre.

Pero me aburrí del decoro. Información, información, información. Todo igual, todo aburrido.

La creatividad dentro de una caja diminuta, y me preguntaba  sobre los detalles que no se pueden contar: ¿el exceso de maquillaje que no lograron cubrir los bigotes negros de la concejala Valarezo ? ¿ O los mocos del alcalde Barrera durante la conferencia de la ruta sur? ¿O los inocentes niños manipulados por cerdos profesores de escuelas fiscales? ¿O el agua de cedrón del concejal Villamar? ¿Y los locos de la plaza? ¿Y los estornudos de la señorita confraternidad? ¿ Y los sillones rosados de la feminista gritona con escote chillón?

Pasaron cinco meses de puerca monotonía, de disfrazarlo todo. Bueno, al menos todo lo que de verdad me parecía que valía la pena contar.

Mis dedos empezaron a quemarse y el gordo metía candela por su i-phone. Tenía terror a mi ringtone, a ese refrán que un día me pareció emocionante pero que ahora lo escucho y me explota un escalofrío nauseabundo.

Cuando le dije al gordo que ya no daba más, le empezó a temblar la papada, el labio inferior se le movió de lado a lado, en su calva aparecieron gotitas de sudor y entonces me acusó de pelucón, malcriado e inmaduro. “¿Puta y si tienes problemas conociendo Quito, por qué no te compras un GPS?” “Yo te di todo, y mira cómo me pagas” “Te odio”.

Oh, y yo que creía que los editores tenían gónadas. Ya han pasado más de cinco meses y todavía no me  habla. Y en las reuniones opina que yo debería salir del periódico o al menos estar en el peor trabajo, monitoreo constante de los noticieros nacionales. Pero no, ya no escribo, es verdad, pero tampoco salí del periódico y no estoy en monitoreo, sino en fotografía.  A la final solo era el pasante y los pasantes, según dice la palabra, pasan no más.

Después de medio año he decidido volver a escribir. Me había olvidado del placer que trae consigo. Las articulaciones de los dedos se han vuelto tiesas. Pero ahora, poco a poco las rompo y comienzan a moverse otra vez. Llegan con furia, llegan con ganas de cagarse en el mundo entero.

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