Un Mundo Para Julius/ Alfredo Bryce Echenique

 

“Grupos de muchachos discutían sobre ganaderías y temporadas anteriores y hacían sus pronósticos para esta, mientras maldecían que el puro que habían encendido hacía un ratito nomás se les hubiera vuelto a apagar. Se encontraban en los tendidos y se saludaban aspaventosamente y muchos llevaban pañuelos rojos como a Pamplona y se sentían bien entendidos. Bebían cerveza por montones cuando no habían venido con sus enamoradas y se sentían alegres y libres para emborracharse, gritar, cantar, y lanzar, protestando bien taurinamente en cuanto a la chica esa de al lado me esté mirando. Por ahora, en que también me está mirando, solo beber de la bota, como en Pamplona y Hemingway… Varonil. Macho. Cojones”. 

Y llega esa imagen de la Plaza de Toros de Quito, donde los jóvenes nos emborrachábamos y algunos hasta adoptaban posturas y acentos ibéricos, que por supuesto, visto desde afuera, no resultaba más que una completa payasada, siempre con ese sentido de “ojalá me estén mirando”.

 

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